FarmeandoauraenelCongreso
Por primera vez en la historia de Chile, un canciller fue interpelado en la Cámara. Lejos de debilitarlo, la sesión le dio a Francisco Pérez Mackenna frases virales y aplausos, con respuestas hábiles en la forma pero vacías en el fondo: el salvavidas que necesitaba La Moneda.

Este lunes, por primera vez en la historia de Chile, un canciller fue interpelado en la Cámara de Diputados. La cita con Francisco Pérez Mackenna llegaba en el peor momento para la política exterior del gobierno de José Antonio Kast y tenía todo para convertirse en un golpe a su credibilidad internacional. Sin embargo, terminó siendo todo lo contrario: ese ansiado salvavidas que necesitaba La Moneda.
Para entender por qué, hay que partir por el título. En la jerga actual y de los videojuegos, "farmear aura" es acumular prestigio a punta de gestos: la frase precisa, la actitud segura y el timing justo para que se vuelva viral. Importa menos tener la razón que parecer que se tiene. Y eso fue, en buena medida, lo que ocurrió en el hemiciclo.
Un canciller cuestionado desde el primer día
El nombramiento de Pérez Mackenna hizo ruido desde el inicio. Llegaba desde la gerencia general de Quiñenco, el brazo financiero e industrial del grupo Luksic, y no desde el servicio público ni la diplomacia. El contraste con sus antecesores era evidente. Alejandro Foxley también era economista, pero llegó a Relaciones Exteriores después de años como ministro de Hacienda y senador; José Miguel Insulza, Heraldo Muñoz y Alberto van Klaveren venían de la política, la academia o la diplomacia. En cambio, Pérez Mackenna saltaba de un directorio corporativo a una de las carteras más sensibles y prestigiosas del Estado.
Las últimas semanas agudizaron la crítica en torno al plano internacional. En la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas, Kast construyó su discurso en torno a la idea de que "Chile está de vuelta", presentando sus primeros seis meses como el fin de años de estancamiento, un mensaje que la oposición leyó como un desprecio a lo avanzado por gobiernos anteriores. A eso se sumó la adhesión al tan hablado Escudo de las Américas, la iniciativa impulsada por Donald Trump, que le costó un reproche transversal de la oposición e incluso una declaración conjunta de los expresidentes Michelle Bachelet y Gabriel Boric pidiendo reconsiderar la decisión. En paralelo, Chile abandonó el Movimiento de Países No Alineados tras 55 años y el gobierno retiró su respaldo a la candidatura de Bachelet a la Secretaría General de la ONU.
En ese clima se realizó la interpelación, aprobada a comienzos de mes por un estrecho 57 a 49 y encabezada por el diputado socialista Nelson Venegas. El canciller llegó blindado por el biministro Claudio Alvarado y el ministro de Defensa, Fernando Barros, además de contar con el apoyo de los parlamentarios de su sector, para responder un cuestionario de 13 materias. Pero lo que siguió se pareció más a una pelea de aura en el patio de un colegio que a una sesión de fiscalización en la Cámara.
El patrón se repitió en cada tema que se le preguntó: respuestas hábiles en la forma y vacías en el fondo. Consultado por el Escudo de las Américas, cuya declaración conjunta de 15 países fue difundida por el Departamento de Estado estadounidense y no por nuestra Cancillería, Pérez Mackenna respondió que no era abogado, "pero sé que para firmar se necesita un lápiz y un papel", y que Chile no había firmado nada, sino adherido a una declaración política no vinculante. La frase funcionó, pero esquivó la pregunta de fondo; ahí cayeron los primeros aplausos. También se le consultó por Magallanes, y sentenció que el Estrecho "siempre fue, es y será chileno", una afirmación que nadie en la sala podía rebatir, pero que no aclaró qué hará el gobierno frente al decreto argentino 457/2021, que figuraba explícitamente en la pregunta.
La oposición tampoco estuvo a la altura del momento. Venegas había pedido que la interpelación fuera transversal y terminó siendo un ejercicio de bloque. Parte de su argumentación se apoyó en impresiones de publicaciones de Trump en X, un recurso más propio de un panel de televisión como Sin Filtros que de una interpelación ministerial. Eso le permitió al oficialismo instalar el relato de que era una instancia más bien revanchista, por el desaire a Bachelet, y de bajo presupuesto.
El momento que resume toda la jornada llegó al final. Venegas, tras una gran y fundada síntesis de los hechos cuestionables del gobierno en materia internacional, le preguntó por qué no renunciaba, llevándose una buena cantidad de aplausos de la bancada opositora. Sin embargo, el canciller respondió simplemente: "Porque usted no es presidente", lo que generó una ola de vítores e hizo que la sala se viniera abajo. Ahí se decidió quién había farmeado más aura.
El ABC de la interpelación
Hay una regla no escrita en la política chilena: el ministro o funcionario del gobierno interpelado suele salir más fuerte de lo que entró. No es casualidad, sino consecuencia de la manera en que la instancia se vende a la opinión pública. La interpelación obliga al ministro a asistir y responder, pero no tiene consecuencias tangibles. Para salir perdiendo, el ministro tenía que ser noqueado; pero resistió con frases rimbombantes y la garra mostrada por su sector, y al final se fue a los puntos y ganó por la mínima.
Si lo comparamos con un caso similar, en mayo de 2023, en plena crisis de seguridad, Carolina Tohá fue interpelada por el diputado Andrés Longton (RN). La ministra respondió con cifras de expulsiones, llamó a la oposición a sacar adelante la ley de usurpaciones y, al término de la sesión, la Cámara rechazó por 69 votos contra 55 un proyecto de acuerdo que cuestionaba al gobierno. Días después, la Cadem mostró su aprobación subiendo ocho puntos, hasta el 50%. ¿Cuántos puntos subirá Pérez Mackenna en la próxima encuesta Cadem?
Pérez Mackenna siguió el mismo guion. Llegó como el ministro más cuestionado de la semana y salió con el TikTok más compartido del día y con su sector más unido que nunca.
¿Para qué sirve, entonces, todo este show? Momentos como este nos obligan a preguntarnos si las interpelaciones sirven para poner el foco en los problemas que realmente aquejan a la ciudadanía o si son solo gallitos políticos para demostrar quién es menos malo. Porque mientras el Congreso dedica una tarde entera a medir quién se lleva más aplausos, las preocupaciones reales de las personas quedan fuera del hemiciclo, relegadas por un espectáculo que desvía la atención en lugar de concentrarla. La oposición usó por primera vez esta herramienta contra un canciller y, en lugar de obtener respuestas sobre Magallanes o el Escudo de las Américas, le regaló al gobierno exactamente lo que necesitaba, una escena en la que su ministro Pérez Mackenna farmeó aura de manera descomunal.
Columna publicada en red de medios Mi Voz.