← Volver a Opinión
OPINIÓN

Eslacomunicación,idiota

La promesa era el orden. Tras una campaña cimentada en la jerarquía, la eficiencia ejecutiva y el fin de la improvisación que tanto se le enrostró a la administración anterior, el desembarco de José Antonio Kast en La Moneda vaticinaba una coreografía milimétrica.

José Francisco Aravena
3 min lectura
Es la comunicación, idiota

La promesa era el orden. Tras una campaña cimentada en la jerarquía, la eficiencia ejecutiva y el fin de la improvisación que tanto se le enrostró a la administración anterior, el desembarco de José Antonio Kast en La Moneda vaticinaba una coreografía milimétrica. Sin embargo, a tan solo siete días de la nueva presidencia, el diseño parece haberse agrietado por donde menos se esperaba: por la boca.

No es un problema de fondo ideológico, sino de pulcritud operativa. Lo que hemos visto estos días no es solo el natural rodaje de un equipo nuevo, sino una seguidilla de informaciones precipitadas y vocerías cruzadas que sugieren que la administración nueva sigue en un modo campaña permanente. Se resiste a morir el candidato para dar paso a la comunicación propia y esperable de un gobierno en ejercicio. Así, los personeros parecen haber olvidado que, en Palacio, cada palabra no es una opinión, sino un hecho político con efectos legales, económicos y sociales.

La desprolijidad ha sido la tónica. Muy probablemente seremos testigos de un número no menor de rectificaciones respecto a temas tan sensibles como la gratuidad en la educación o la reducción de impuestos. Y precisamente en ello, es que la desprolijidad —ahora no de la comunicación, sino de la estrategia comunicacional— hace gala de la rapidez de la boca, aprovechando la luna de miel del comienzo del gobierno. En definitiva, la precipitación dada por el anhelo de orden y desmarque deja flancos abiertos para recibir críticas.

Lo más complejo es que este escenario de apertura de conatos innecesarios ocurre ante una oposición debilitada y desorganizada. Sin un contrapeso claro que fiscalice con rigor, el Gobierno se ha convertido en su propio y más peligroso adversario. No hay nadie al frente que los haga tropezar; los tropiezos son autoinducidos por una estructura que aún no entiende que ya no está en un set de televisión compitiendo por el rating, sino en la oficina más importante del país.

Si el gobierno de Kast pretende estabilizar su camino, debe entender que la forma es fondo. La desprolijidad actual proyecta una imagen de amateurismo político que contradice su propia esencia. Pueden tener los votos y pueden tener los decretos, pero si no logran disciplinar el discurso, la crisis de credibilidad se instalará antes de que terminen de colgar los cuadros en las oficinas.

Al final del día, para que el orden sea real, primero debe ser narrado con coherencia. Porque, como bien aprendieron otros antes que ellos, en política no basta con mandar: es la comunicación política, idiota.

Esta columna fue publicada en Mi Voz