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OPINIÓN

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En el último informe del INE, publicado el 29 de abril del presente año, hay un dato que no debería dejarnos indiferentes: el desempleo femenino en Chile alcanza el 10% y sigue siendo más alto que el masculino.

Arantzasu Foppiano
5 min lectura
Desempleo femenino: una brecha que no es casual

Y no, no es casualidad. El mercado laboral no es neutro: también tiene género.

Detrás de estas cifras hay realidades muy concretas. Muchas mujeres siguen siendo quienes sostienen la mayor parte de las tareas domésticas y del cuidado de hijos, adultos mayores o personas dependientes. Eso no solo implica más carga, también menos tiempo, menos flexibilidad y menos oportunidades de acceder o mantenerse en un trabajo formal.


A esto se suma algo que muchas veces pasa más desapercibido. Algunas políticas que buscan proteger a las mujeres, como el postnatal o la obligación de sala cuna en las empresas que cumplan con las exigencias legales, son necesarias y cumplen un rol importante. Pero en la práctica, también pueden terminar generando efectos no deseados: hacer que contratar a una mujer sea percibido como más costoso o complejo, empujando a algunas empresas a evitarlo y ofrecer condiciones más precarias.

El problema se agrava cuando miramos quiénes asumen realmente el cuidado. Aún hoy, la participación de los hombres en permisos parentales es baja, lo que refuerza una idea muy instalada: que cuidar sigue siendo tarea de las mujeres. Y mientras esa lógica no cambie, la desigualdad se sigue reproduciendo.

Por supuesto, también están los sesgos. A veces sutiles, otras veces más evidentes, pero presentes al fin y al cabo. Son esos filtros invisibles que terminan favoreciendo a los hombres, sobre todo en empleos más estables o mejor remunerados.

El resultado es un círculo difícil de romper: menos oportunidades, más inestabilidad y mayores obstáculos para lograr autonomía económica.

Por eso, hablar de desempleo femenino no es solo hablar de números. Es hablar de cómo está organizada nuestra sociedad y de las barreras que siguen enfrentando muchas mujeres todos los días.

Si de verdad queremos cambiar estas cifras, no basta con mirarlas. Se necesitan respuestas concretas: sistemas de cuidado accesibles, una corresponsabilidad real entre hombres y mujeres, políticas laborales con enfoque de género y medidas que permitan avanzar hacia trabajos más estables y formales.

Porque mientras no se aborden estas causas, la historia se seguirá repitiendo. Y en Chile, buscar trabajo seguirá siendo muy distinto dependiendo de quién lo haga.