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OPINIÓN

¿Cuándollegademasiadotardelajusticia?

El 29% de las víctimas de femicidio en Chile había denunciado antes a su agresor. La columna de Arantzasu Foppiano sobre el proyecto que busca perfeccionar las medidas cautelares en casos de violencia de género.

Arantzasu Foppiano
•14 de septiembre de 2026•5 min lectura
¿Cuándo llega demasiado tarde la justicia?

En el Derecho hay una pregunta que se realiza después de que el delito ya ocurrió: ¿quién fue el responsable? Pero si hablamos de violencia de género, deberíamos hacernos una pregunta mucho antes: ¿qué hicimos para evitar que ocurriera?

Cuando una mujer denuncia por violencia de género, no está entregando solamente un relato de un hecho ocurrido: está pidiendo ayuda y advirtiendo que hay un riesgo que continúa presente. Es por esto que las medidas cautelares en estos casos cumplen un rol que va mucho más allá de lo procesal: pueden ser lo que marque la diferencia entre una amenaza que se contiene y una violencia que escala.

Hoy, en Chile, esta discusión se ha puesto sobre la mesa a propósito del proyecto de ley que busca perfeccionar las medidas cautelares en casos de violencia intrafamiliar y contra las mujeres por razón de género.

Las señales estaban

En marzo del presente año, en la comuna de Paine, una joven de 25 años fue asesinada en la vía pública por su expareja, pese a que existían cuatro denuncias previas por violencia intrafamiliar. Este caso no es aislado. En junio, en Temuco, Patricia Ojeda, funcionaria municipal de 32 años, fue asesinada por su expareja, a quien ya había denunciado.

Es más: según el informe CIF 2024 del Ministerio de la Mujer, el 29% de las víctimas de femicidio había realizado una denuncia previa por violencia en contra de su agresor. Estos casos dejan una pregunta difícil de ignorar: ¿qué hacemos cuando las señales de violencia ya existen, pero la tragedia aún no ha ocurrido?

Lo que debemos comprender es que, para proteger, hay que evaluar el riesgo, escuchar a quienes denuncian y adoptar las medidas necesarias y proporcionales que permitan prevenir nuevas situaciones de violencia. Porque si esperamos que el daño ocurra nuevamente para reaccionar, la protección deja de ser preventiva y se transforma en una respuesta tardía que, por lo general, termina con resultados fatales.

La violencia también tiene trayectoria

Siguiendo esta línea, debemos plantear una pregunta incómoda sobre nuestro sistema de justicia: ¿cuánto estamos dispuestos a esperar para considerar que una mujer efectivamente está en peligro?

La violencia de género no siempre comienza con una agresión física; por lo general parte con amenazas, hostigamiento, control, celos, aislamiento o violencia económica. Y en la mayoría de los casos estas señales se consideran de manera aislada, perdiendo de vista algo fundamental: la violencia también tiene trayectoria.

Es por esto que, si se va a entablar la discusión sobre cómo funcionan las medidas cautelares establecidas por nuestro ordenamiento jurídico para estos casos, se debe considerar que no estamos solamente ante un asunto técnico. Se debe discutir qué se entiende por prevención, cómo valoramos las señales de riesgo y la responsabilidad que tiene el Estado frente a una situación de violencia que podría anticiparse.

La justicia no debería actuar únicamente después de una tragedia: debería ser capaz de llegar a tiempo.

Porque, en materia de violencia de género, proteger después no siempre es suficiente. La verdadera pregunta es si somos capaces de proteger antes.

Publicada en la red de medios Mi Voz.

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